Jack y Rose intercambian la mirada de los amantes satisfechos, están juntos y, lo que es más importante, son inmensamente felices. Por fin, luego de sortear varios obstáculos, han consumado su amor, corren libres hacia la proa en medio de la fría noche con el viento del norte que pega en sus rostros, dos pasajeros más en esa enorme masa de acero llamada Titanic. Pero tanta felicidad parece ser demasiado perfecta, demasiado cierta para ser una bella realidad. Porque el destin tiene reservado para ellos no un final feliz, en cuestión de segundos la nave chocará con un iceber y ellos tendrán que enfrentar no solo la ira de un novio desairado, los prejuicios sociales sino el llanto y la desesperación, al igual que los cientos de personas que intentarán salvar sus vidas para no ser tragados por el inmenso océano.La descripción anterior es una muestra de la vieja fórmula que vuelve a cosechar éxitos y romper la taquilla cada cierto tiempo, el argumento tantas veces usado de colocar a simples mortales en condiciones extremas de peligro, algo que Hollywood ha explotado hasta la saciedad y que durante la década de los setente tuvo a sus principales exponentes. Claro que nunca puede faltar el héroe que salve al resto, aquel que en la medida de sus posibilidades, pero con gran ingenio y creatividad, enfrente cada uno de los retos que la naturaleza le ponga adelante. Hablamos del genéro denominado catástrofe o de desastres, ese que gozó de buena fama en los años setenta con títulos como "La Aventura del Poseidón", "Aeropuerto", "Infierno en la Torre", "Meteoro", "Avalancha, "Huracán", "Terremoto" o "El Enjambre", emblemáticos de un género que parece nunca perder vigencia. En los años setenta la tecnología no permitía una gran parafernalia visual y si bien para su tiempo representaron espectaculares efectos, los avances de esta última década del nuevo milenio solo han brindando más espectacularidad y millones de dólares.
Esta parafernalia de trucos o artilugios de imagen y sonido era imposible de conseguir hace más de 30 años pues ni siquiera se conocía lo que era la tecnología digital o la imagen computarizada o la pantalla azul, una tecnología que permite mezclar extraordinarios diseños de producción. Sin ello hubiese sido imposible ver a la amenaza volcánica de "Dante's peak" (1996) o la invasión extraterrestre en "Independence Day" (1996), tampoco el hundimiento del transatlántico en "Titanic" (1997) o "Deep Impact" (1998).
Al inicio el tema de estos "catastrofilmes" consistía en observar a comunes mortales como usted o yo enfrentados a la desvastadora acción de la madre naturaleza sin dejar de lado a la aventura, tal y como sucede en "Volcano" o "Tornado" donde los personajes viven mil y un peripecias luchando con todas sus fuerzas contra la furia ambiental. En el cine de desastres los protoganistas no son los actores, lo es la cualquiera que sea la causa u origen de lo que ocasionará la catástrofe, así los actores podrían enfrentarse a un volcán, un ataque extraterrestre, un incendio, un naufragio, un terremoto, un huracán, un tsunami o el armagedón, un peligro inminente que atente contra la raza humana y la quiere desaparecer de la faz de la tierra. Uno de los atractivos de las películas de desastres es colocar a una gala de actores famosos que atraigan de por sí la taquilla, aunque a veces no es un indicador de que tenga éxito.
Fue el productor Irwin Allen, bien llamado rey del cine catástrofe durante los años 70, quién logro convencer a los grandes estudios a realizar estos filmes que impactaron a toda una generación de cinéfilos. Si bien este género tuvo guiones algo más consistentes, ahora Hollywood tan solo busca repetir la misma fórmula, la cuestión es variar un poco el argumento y listo. La estética del cine catástrofe no ha cambiado desde el último auge de esas películas en los años 70, la única diferencia diferencia es que ahora cuestan más y ostentan efectos especiales más ingeniosos, pero el resto es lo mismo.
Después de una década no tan gloriosa en los ochenta, el cine de desastre recobró fuerza a partir de los años noventa, en donde asistimos a un revival del género que la industria fílmica norteamericana no dejó pasar, tal es así que Hollywood nos entrega "Daylight", "Epidemia", "Impacto Profundo", "Tornado", "El pico de Dante", "Godzilla", "Titanic", "Armagedón", "Asteroide" o "Volcano". Esto demostró que el público no estaba cansado de ver en la pantalla grande a toda clase de peligros atentando contra la humanidad o el género humano en mayor o menor a escala, porque a veces no que esté en riesgo el planeta Tierra por completo sino un grupo de personas como en "Titanic, "Infierno en el túnel" o "El pico de Dante". Películas como "Impacto Profundo" o "Armagedón" exploran no del mejor forma el fin del mundo por causa de un cometa o meteorito. Quizá la más sobresaliente haya sido "Epidemia" por su guión, con las actuaciones de Dustin Hoffman y Rene Russo.
Y en la primera década del nuevo milenio la fórmula se explota hasta alcanzar su máxima cuota, por allí sobresale "El Día después de mañana" con un mejor desarrollo del argumento y los personajes, pero en general la tendencia es de regular para abajo como en "Cloverfield", "2012", "Poseidón", "El núcleo", "El día que la tierra se detuvo, "El fin del mundo", "Presagio" , aunque Steven Spielberg intenta ir más allá con "La Guerra de los mundos". Parece que lo próximo será ver un mayor derroche de efectos visuales que pretendan emocionarno pegados a nuestra butaca.
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